31 de marzo de 2017

Con calma y sin prisa ~

Lo mejor de él, era su “no prisa”, nunca apresuraba ni la risa ni los besos, ni sus manos toqueteándome debajo de la falda… nunca tenía prisa porque sabía que entre mi desesperación y su calma el placer reinaba, incluso cuando explotaba en su lengua él sabía ser tranquilo, constante y tranquilo, un maldito desquiciado domándome a mi, a mi que soy grito, rebeldía, a mi que no se rogar y entre sus besos aprendí a suplicar que no se detuviera… así era él, él y su calma, no hacía preguntas estúpidas mientras mis ojos morían y resucitaban, no se quejaba de mi sueño prematuro en lugar de la incómoda charla sobre el día o la semana o la vida, sobre temas que estorban al cansancio y por cortesía respondes mientras tu cuerpo exige el sueño, pero él no se quejaba, él me arropaba en su pecho y yo me dormía ligera y sudada, con la sonrisa estúpida que deja el placer tras de si, y podía despertar enloquecida por el reloj dictando las seis o emulando su calma mientras el tic tac susurra relajado las once… porque a su lado no había prisa, porque él nunca tuvo más prisa que la que tiene un ave por ir a volar… y regresar, como siempre, con calma y sin prisa…

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